LA SANTIDAD DE TUS OJOS lo que miras te está atando - Ramiro Salazar Prédicas Cristianas
Y este mensaje se titula La santidad de
tus ojos. Lo que miras te está atando. Y
quiero que abras tu Biblia en el
Evangelio de Lucas en el capítulo 11 y
vamos a leer del verso 34
al verso 36.
Porque hay pecados que derriban a una
persona en un instante,
pero hay otros que derriban a una
persona lentamente, sin ruido, sin
escándalo, sin que nadie lo note. Porque
muchas veces la caída no empieza cuando
hacemos algo, empieza cuando nos
acostumbramos a contemplar aquello que
nos puede atar.
Y esta noche yo no quiero hablarte de
prohibiciones, yo quiero hablarte de
libertad. Porque la verdadera libertad
no consiste en poder mirar cualquier
cosa. La verdadera libertad consiste en
que nada de lo que miras tenga poder
sobre ti para atarte. Porque hay
personas que están orando, que ayunan,
que sirven, pero siguen alimentando con
sus ojos aquello que intentan vencer en
oración. Y mientras alimentes algo con
tu mirada, será difícil derrotarlo en la
guerra espiritual. Por eso Jesús dijo
algo que debería hacernos temblar esta
noche. Vamos a leer allí en Lucas 11 34
las palabras de Jesús.
Lámpara del cuerpo es el ojo. Cuando tu
ojo es bueno, también todo tu cuerpo
está lleno de luz. Pero cuando tu ojo es
maligno, también todo tu cuerpo está en
tinieblas. Mirad, pues, no suceda que la
luz que hay en ti sea tinieblas.
Así que si todo tu cuerpo está lleno de
luz, no teniendo parte alguna de
tinieblas, será todo luminoso,
como cuando una lámpara te alumbra con
su resplandor. Vamos a orar.
Amado Padre celestial, hoy estamos
delante de ti, Señor, y queremos que tú
nos hables, queremos que tú nos
exhortes, nos consueles, que nos
edifiques a través de tu bendita
palabra. Sabemos que tu palabra es viva,
es eficaz, es más cortante que toda
espada de dos filos y queremos recibir
tu palabra para aplicarla, para no ser
hipócritas, para vivir en santidad, para
agradarte a ti, porque sabemos que tú no
puedes usar vasos sucios y nosotros
queremos ver un avivamiento. Nosotros
queremos ser llenos de tu poder y tu
gloria. Así que ayúdanos a recibir este
mensaje, a entenderlo, a discernirlo, a
guardarlo para después aplicarlo en
nuestra propia vida. Te lo pedimos,
Dios, en el nombre de Jesús. Amén. Y
amén.
Qué impresionante
es la palabra del Señor. Jesús no habló
de conducta, él habló de iluminación.
No habló de reglas, habló de luz. Porque
antes de perder una batalla en el
cuerpo, primero la perdiste en tu
mirada. Y aquí está el peligro. Hay
personas llenando sus ojos de cosas
oscuras mientras esperan espiritual
luminosa.
Y ambas cosas no pueden coexistir para
siempre.
Porque lo que contemplas constantemente
termina gobernando aquello que deseas.
No es lo que entra por tus ojos, es lo
que se queda a vivir en tu corazón. Por
eso el apóstol Pedro hace una
declaración tremenda acerca de Lot.
Vamos a ir allí a segunda de Pedro,
capítulo 2. Vamos a leer el verso 7 y el
verso 9. La pregunta que quiero hacerte
en esta noche es, ¿qué estás
contemplando con tus ojos? Porque lo que
tú estás contemplando estás alimentando.
Y lo que estás alimentando en tu corazón
puede quedarse a vivir allí y eso es lo
que contamina tu vida. Y si quieres ser
usado por Dios, si quieres la bendición
en tu vida, entonces debe ser radical.
Vamos a leer allí. Segunda carta de
Pedro, capítulo 2, verso 7 al 9. Y libró
al justo Lot, abrumado por la nefanda
conducta de los malvados, porque este
justo que moraba entre ellos afligía
cada día su alma justa. Escuchen esto.
Viendo y oyendo los hechos inicuos de
ellos, sabe el Señor librar de tentación
a los piadosos.
Yo quiero que observes esto, que
observes esto. Lot era justo, pero
estaba cansado.
Era justo, pero estaba afligido. Era
justo, pero su alma estaba siendo
golpeada todos los días. ¿Por qué?
por aquello que veía diariamente estaba
desgastando su interior. Y claro, muchos
quieren ser fuertes espiritualmente,
muchos quieren ser vigorosos
espiritualmente y tener autoridad
espiritual y quieren hacer guerra y
quieren hacer tantas cosas para el Señor
y ese deseo está muy bien. Gloria a
Jesús. Pero el problema es que lo que
estás mirando, lo que estás
contemplando, está desgastando tu
interior, lo que estás permitiendo que
gobierne tu interior. Ahora tú dirás,
"Pero es que es imposible. En el mundo
en que vivimos, todos los días somos
atacados por mucha información. Todos
los días somos atacados por la gente que
nos rodea. Todos los días la gente del
mundo está intentando que ensuciar
nuestros ojos. Ese no es el problema.
Nosotros vivimos en una creación caída,
ese no es el problema. Nosotros vivimos
en el mundo, pero no somos del mundo.
Ese no es el problema, porque nuestros
ojos tienen que estar puestos en Jesús.
Mientras tú culpes a los demás de tu
situación espiritual, mientras tú culpes
a los demás de cómo te comportas,
seguirás teniendo una mentalidad de
víctima y Dios no puede hacer nada con
aquellos que no se hacen responsables de
sus aptitudes, de sus decisiones y de
cómo gobiernan sus vidas. Hay creyentes
que aman a Dios, pero están agotados
espiritualmente,
no porque hayan abandonado al Señor,
sino porque han permitido que demasiadas
cosas entren por la puerta de sus ojos.
Hay imágenes que permanecen, hay escenas
que permanecen, hay conversaciones que
permanecen, hay contenidos que
permanecen y lentamente comienza a
moldear nuestra manera de pensar, sentir
y discernir
hasta que un día dejamos de reaccionar
ante aquello que antes nos quebrantaba.
Y es entonces cuando ocurre algo
peligroso, comenzamos a llamar normal
aquello que Dios nunca llamó normal,
porque eso me impacta profundamente.
Y lo que dice Jesús a la iglesia de la
odisea, Apocalipsis capítulo 3 versos 17
al 19. Y yo estaba predicando acerca de
la necesidad de la iglesia cristiana
hoy. Y alguien dijo, "No, es imposible
que la iglesia cristiana tenga
necesidades, pues si tiene a Cristo,
Cristo lo suple todo." Pero cuando
leemos Apocalipsis y nos damos cuenta
que el Señor envió una carta a la
iglesia de la odisea y a las otras
iglesias, nos damos cuenta que las
iglesias de Apocalipsis, o mejor la
iglesia del Señor, muchas veces necesita
palabra de corrección, necesita palabra
de avivamiento, necesita actitud de
arrepentimiento.
Mira lo que dice Apocalipsis 3:17 al 19.
Pero tú dices, "Yo soy rico y me he
enriquecido y de ninguna cosa tengo
necesidad. Y no sabes que tú eres un
desventurado,
miserable,
pobre, ciego y desnudo? Por tanto, yo te
aconsejo que de mí compres oro refinado
en fuego y unge tus ojos con colirio
para que veas. Yo reprendo y castigo a
todos los que amo. Sé pues celoso y
arrepiéntete.
Y la odisea sufría de un mal que muchos
cristianos también sufren el día de hoy.
Porque los cristianos de la odisea
podían juzgar fácilmente a las personas
que lo rodeaban y acusarlos y decir como
aquel fariseo que estaba en el templo,
"No soy como ese pecador publicano, no
soy como esta prostituta, no soy como
aquel ni como aquel otro." Así eran los
hermanos de la odisea, ¿verdad?
Pero el Señor le dijo, "Tú eres un
pobre, ciego, miserable y desnude."
¿Saben por qué eran pobres, ciegos,
miserables y desnudos?
porque no eran capaces de reconocer sus
propios errores. Por eso David decía una
y otra vez, y es una oración que tenemos
que aprender a hacer, Señor, líbrame de
mis propios errores. Líbrame.
Hermanos, el corazón del hombre es
engañoso y perverso y nos es muy fácil
juzgar a los que están a nuestro
alrededor, pero nuestros ojos
espirituales en ocasiones se ciegan y
nos impiden mirar hacia adentro, nos
impiden mirar hacia nuestro interior y
darnos cuenta de nuestra necesidad. Por
eso el Señor le dijo a esta iglesia,
"Eres pobre, eres miserable, eres ciego
y estás desnudo." Y esta es una imagen
nítida. de la iglesia cristiana del
siglo XXI, una iglesia que cree que
porque ha conseguido eh quizás mucho
dinero, ha hecho grandes templos o
incluso se cree relevante en este mundo.
Entonces, ellos creen que es una iglesia
en avivamiento, pero en realidad es una
iglesia que necesita arrepentirse. Yo
creo con todo el corazón que todos los
días debemos mirar a nuestro interior y
decirle, "Señor, líbrame de mis pecados
que me son ocultos. Ayúdame a amar como
tú amas. Ayúdame a ver como tú ves.
Ayúdame a caminar como tú caminas."
Porque nosotros fuimos llamados a seguir
las pisadas de Jesús, no las pisadas de
un pastor orgulloso y soberbio, no las
pisadas de alguien que nos dice que
debemos quizás maltratar a todos los que
están a nuestro alrededor. Fuimos
llamados a seguir las pisadas de Jesús,
a defendernos, a bendecir, a amar, a
tratar a las personas como Jesús trató a
sus discípulos, a su prójimo, mientras
estuvo en la tierra. La odisea tenía
dinero, la odisea tenía religión, la
odisea tenía actividad, pero había
perdido la capacidad de ver. Eran
ciegos. Y cuando una persona pierde la
capacidad de ver correctamente, termina
viviendo incorrectamente. Por eso esta
noche no se trata simplemente de dejar
de mirar ciertas cosas, se trata de
recuperar una visión santa. Hoy debemos
clamar como clamó Bartimeo, hijo de
David, ten misericordia de mí. Bartimeo
estaba junto al camino mendigando.
¿Saben por qué? porque era ciego. Y hoy
tantos cristianos están mendigando junto
al camino. Jesucristo es el camino y la
verdad y la vida, pero están mendigando
porque son ciegos y no porque no puedan
ver a los demás, es porque no pueden
mirar hacia adentro para decirle,
"Señor, ayúdame,
ayúdame, levántame,
guárdame, haz tu obra en mi vida."
Así que hoy debemos clamar como
Bartimeo. Se trata de volver a ver como
Dios ve. Se trata de recuperar una
visión santa. Se trata de recuperar el
discernimiento espiritual. Porque el
enemigo no necesita destruirte en una
noche. Le basta con distraer tus ojos
durante suficiente tiempo. Y mientras
tus ojos estén cautivos, tu corazón
nunca será completamente libre. Por eso
no es lo que entra por tus ojos, es lo
que se queda a vivir en tu corazón, lo
que consientes que viva en tu corazón.
Ahora yo quiero preguntarte
sinceramente,
¿qué has permitido vivir en tu corazón?
Quizás es el temor,
quizás es la amargura.
Y puedes justificar tu amargura
diciendo, "Es que usted no sabe lo que a
mí me hicieron. Es que usted no sabe el
abuso que cometieron. Es que usted no
sabe lo que me robaron. Mientras
justifiques ese pecado, no podrás ser
libre. No hay forma de ser libre
mientras justifiquemos nuestras malas
aptitudes. ¿Qué has permitido vivir en
tu corazón? Porque lo que gobierna tu
corazón se manifiesta diario en tu vida.
Y por eso es que muchos cristianos oran,
leen, vienen a culto, pero sus vidas
siguen igual. Vamos a ver cuatro cosas
hoy. Recuerda el título de este mensaje.
Santidad en tus ojos. Santidad en tus
ojos. La santidad de tus ojos es lo que
puede hacerte libre o lo que puede
esclavizarte. Vamos a ir a Eclesiastés
capítulo 2, verso 10 al 11. Tus ojos
dirigen el rumbo de tu vida. Ese es el
primer punto. Tus ojos dirigen el rumbo
de tu vida. Voy a pedirte que estés
atento hasta el final de este mensaje.
Eclesiastés 2:10 al 11. No negué a mis
ojos ninguna cosa que desearan, ni
aparté mi corazón de placer alguno. Está
hablando Salomón, el que se suponía o el
que se supone ha sido el hombre más
sabio que ha pisado este planeta Tierra.
Pero sabes una cosa, Salomón empezó
siendo sabio en el Señor, pero terminó
como el peor necio que jamás haya pisado
este planeta Tierra. Así que no es como
tú empiezas, es como terminas.
Tu verdadera historia será gloriosa, no
por tu principio, sino por cómo
escribiste el final de esa historia.
Miré yo luego todas las obras que habían
hecho mis manos. Está hablando Salomón y
el trabajo que tomé para hacerlas y aquí
que todo era vanidad y aflicción de
espíritu. [música] Pero miren cómo
empieza este verso. No negué a mis ojos
ninguna cosa que desearan. ¿Tú crees que
eso es bueno o es malo?
¿Qué desean tus ojos cuando tu corazón
es engañoso y perverso y la lujuria está
en tu corazón? La Biblia dice que en mí,
dijo el apóstol Pablo, yo sé que en mí,
en mi naturaleza carnal caída, no mora
el bien, sino el mal.
Entonces, ¿será que está bien no negar a
tus ojos todo lo que quieran ver?
Salomón tuvo algo que muy pocos hombres
han tenido. Pudo mirar todo lo que
quiso. Era el rey. Nadie le podía llamar
la atención. Es más, si alguien le
llamara la atención o le dijera algo,
podría ser muerto solo por eso. Él pudo
mirar todo lo que quiso, pudo
experimentar todo lo que quiso, pudo
comprar todo lo que quiso, pudo
satisfacer todos los deseos de sus ojos
y al final llegó a una conclusión
desvastadora,
una conclusión
terriblemente cruel.
No todo, no todo lo que yo veo puede
llenar mi corazón. Nada de eso llena el
vacío del alma. La cultura moderna está
enseñando hoy a nuestros hijos en esta
última generación, mira todo lo que
quieras,
desea más, consume más. Pero la Biblia
enseña algo diferente. Los ojos nunca
fueron diseñados para dirigir nuestra
vida. Te lo voy a volver a repetir. La
palabra de Dios nos enseña que los ojos
nunca fueron diseñados para dirigir
nuestra vida, fueron diseñados para
seguir la dirección de Dios.
Cuando los ojos gobiernan, el corazón
termina perdido. Cuando Dios gobierna,
los ojos encuentran su lugar correcto.
Vamos a leer allí en Josué, capítulo 7,
verso 20 al 21. Yo sé que mientras
prediquemos acerca de la santidad y
sigamos con esta serie de la santidad y
la guerra espiritual, vamos a tocar una
y otra vez este capítulo 7 de Josué y
vamos a leer el verso 20 y 21. Porque
realmente Acá representa los sentidos
espirituales en desorden en la vida de
un cristiano. Josué 7:20. Y Acá
respondió a Josué diciendo,
"¿Verdaderamente yo he pecado contra
Jehová, el Dios de Israel? Pues vi,
escucha esto, pues vi entre los despojos
un manto babilónico muy bueno y 200
ciclos de plata y un lingote de oro, lo
cual codicié y tomé." La codicia, la
avaricia. En el caso de Acá entró por
sus ojos.
Y hay una canción que decía, y creo que
hace poco la canté también en otra
predicación, cuidado mis ojitos lo que
ven. Observe esta secuencia, observe
esta cadena de errores. En el caso de
Acá, vi, codicié y tomé. La caída empezó
mucho antes de tomar el oro. comenzó
cuando permitió que sus ojos
permanecieran donde Dios se había dicho,
"No,
no tenía que contemplar lo que Dios le
había dicho que no contemplara."
Acá perdió una batalla interna antes de
perder la batalla externa. Ahora, si
alguien no conoce la historia de Acá,
alguien dirá, "Pero, ¿de qué está
hablando el hermano Ramiro? ¿De qué está
hablando el pastor Ramiro?"
Bueno, la historia nos cuenta que el
ejército de Israel había conquistado ya
la ciudad más grande de la tierra
prometida, Jericó, porque Dios estaba
con ellos. Dios es poderoso y glorioso.
Y cuando fueron a conquistar a la
pequeña ciudad de ahí, ellos pensaron
que iba a ser muy fácil, pero cuando
fueron allí salieron corriendo porque
los de ahí los derrotaron. Y Dios les
dijo, "Y cuando ellos se quejaron contra
Dios, ¿por qué no lo respaldaba? ¿Por
qué Dios no me respaldas? ¿Por qué Dios
no me bendices? ¿Por qué las cosas no
salen como yo quiero? Dios les dice,
"Porque hay pecado en el pueblo, hay
maldición en el pueblo. Porque Dios les
había dicho que no tomaran nada de la
anatema. No podían tomar el oro, no
podían tomar los mantos, no podían tomar
nada de lo que Acá tomó. Así que ya
había una orden explícita.
Dios te dice que no odies a tu hermano.
Dios te dice que no adulteres. Dios te
dice que no robes, que no mientas.
Ya sabes lo que Dios dice acerca de esos
pecados, pero tú contemplas la
posibilidad, la posibilidad de hacerlo
por esta o por esta otra razón,
justificando tu pecado, igual que Acá
estás atado. Y como la iglesia de la
Odisea es pobre, miserable, ciego y
desnudo. Así que Acá perdió esa batalla
interna antes de perder la batalla
externa. Lo que capturó sus ojos terminó
capturando su corazón y aquello que
capturó su corazón terminó gobernando
sus decisiones.
No todo lo que llama tu atención, no
todo lo que llama tu atención merece tu
atención. Hay cosas que parecen
atractivas por un momento, pueden
producir placer, pero las consecuencias
pueden durar años y años, años y años.
Éxodo 20:17 dice, "No codiciarás." La
codicia muchas veces entra por los ojos.
Antes de existir en las manos, la
codicia existe en la mirada. Ahora, ¿por
qué hay tantos jóvenes vacíos el día de
hoy? Y es tan impresionante porque
ninguno de nosotros está exento de caer
en esas modas del mundo y en esas
tendencias del mundo porque tenemos
información a diario. Es más, tenemos
una sobreinformación
que incluso nuestro corazón no puede
regular.
Por eso el problema no está en un
celular, el problema no está en el
televisor, en el problema no está en la
gente que te rodea, el problema está en
lo que tú decides contemplar, en lo que
tú decides prestar atención. Así que lo
que tú prestes atención, lo que tú estés
mirando, probablemente gobernará tu
corazón. Proverbios 27:20.
El Seol y el Abadón nunca se sacian. Así
los ojos del hombre nunca están
satisfechos. ¿Sabes cuál es el engaño de
la pornografía?
Que un hombre normalmente se engaña,
sobre todo hablemos de los cristianos,
porque para la gente del mundo es
normal. Hoy encuentran esas escenas
subidas de tono en las novelas, en las
películas, en las series, en los
noticieros. Si para ellos es normal,
para ellos es algo que todos deben hacer
y todos deben consumir.
Pero cuando un hombre, una mujer, un
cristiano
se engaña a sí mismo pensando que va a
mirar algo y que eso no le va a hacer
ningún daño porque simplemente quiere
mirar y ya experimentar, nunca tus ojos
se van a saciar. Por eso las personas
que caen en ese terrible mundo miran y
miran y consumen y nunca se sacian. Los
ojos del hombre nunca se sacian y esto
aplica cualquier cosa, al materialismo.
Por eso aquellas estrellas de cine o
cantantes famosos o deportistas
adinerados compran un carro, dos carros,
tres mansiones, cuatro mansiones, creen
que se van a cansar de eso? No. Los ojos
del hombre jamás se sacian. Por el
contrario, como dijo Salomón, "Le di
rienda suelta a mis sentidos con mis
ojos."
Y cuando terminó toda su vida, se dio
cuenta que estaba arruinado, que había
solamente vanidad en su corazón y un
vacío emocional que nadie puede llenar.
Salmo 16:11 dice, "Solo en tu presencia
hay plenitud de gozo. La satisfacción
verdadera solo viene de Dios. Los ojos
buscan muchas cosas, pero el alma
solamente descasa, descansa en Dios. Por
eso quizás mirar algunas escenas o mirar
algo con tus ojos puede producir un
momento de placer, pero va a traer
amargura a tu corazón. Después de que
contemples lo que no tengas que
contemplar, mires lo que no tengas que
mirar, va a vas a sentir vacío en tu
corazón. En segundo lugar, lo que miras
puede robar tu discernimiento.
Y vamos a ir a Mateo 6:22 al 23.
[música]
Lo que miras puede robar tu
discernimiento. Lámpara del cuerpo es el
ojo. Así que si tu ojo es bueno, todo tu
cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu
ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en
tinieblas. Jesús no estaba hablando
simplemente de pureza moral, él estaba
hablando de discernimiento espiritual.
La luz representa claridad. La capacidad
de distinguir, la capacidad de percibir,
la capacidad de reconocer la voz de
Dios. Cuando una persona llena sus ojos
de oscuridad, comienza a perder
sensibilidad espiritual, ya no distingue
igual, ya no percibe igual, ya no
reacciona igual. Y lo que antes le
preocupaba ahora le parece normal. Lo
que antes lo quebrantaba, ahora lo
entretiene.
Y qué triste es hablar siempre de Sansón
en estos temas. Qué triste es hablar de
aquel hombre que fue utilizado por Dios
de forma singular, de forma tremenda.
Pero dice en Jueces capítulo 14 del
verso 1 al 3,
cómo fue que Sansón comenzó a caminar y
a dar pasos hacia su propia destrucción.
Dice en Jueces 14:1, "Descendió Sansón a
Timat y vi en Timat a una mujer de las
hijas de los filisteos." Escuchen. Vio y
subió y lo declaró a su padre y a su
madre, diciendo, "Yo he visto en Timat a
una mujer de las hijas de los filisteos.
Os ruego que me la toméis por mujer." Y
su padre y su madre le dijeron, "No hay
mujer entre las hijas de tus hermanos."
Y Sansón respondió, "Tomadme la mujer,
porque ella, escucha esta palabra, me
agrada."
Entonces, yo quiero preguntarte, ¿tú te
guías por principios o por gustos?
¿Tú te guías por lo que dice la palabra
de Dios o por lo que sientes en tu
corazón?
Porque si tú te guías por lo que a ti te
gusta, si tú te guías por lo que sientes
en tu corazón, vas a vivir arruinado y
destruido.
Pero si tú te guías por lo que dice la
palabra del Señor, por lo que has
aprendido, por lo que la Biblia enseña
acerca de lo que tú tienes que vivir y
actuar, entonces serás victorioso. Por
eso todos los hermanos en Cristo que se
dejan guiar por emociones o por lo que
ven, por eso puede venir un predicador y
ese predicador puede ser un hereje, ese
predicador puede ser un hombre que vive
en adulterio, pero muchos cristianos se
dejan impresionar por lo que ven con sus
ojos. Quizás una persona presentada
impecablemente, quizás una persona que
habla y aparenta autoridad, quizás una
persona que aparentemente ministra
milagros.
Pero esos no son los frutos verdaderos
de un siervo de Dios. Y no estoy
diciendo que un verdadero de siervo de
Dios no tenga que vestir bien, ni que
tenga que hablar con autoridad, ni que
Dios lo utilice con milagros, pero la
Biblia dice, "Por sus frutos los
conoceréis." Y cuando la Biblia dice que
por sus frutos los conoceréis, no se
refería al hacer milagros, al hablar en
lenguas y al profetizar, porque Jesús
mismo dijo en aquel día, "Muchos me
dirán, en tu nombre eché fuera demonios.
en tu nombre muchos milagros. Y él le
dirá, "Apártesen de mí, hacedores de
maldad.
Apártesen de mí, hacedores de maldad."
¿Ves la diferencia tan grande? Porque el
fruto que Dios está esperando en tu vida
y en mi vida es lo que dice Gálatas
5:22. Amor, gozo, paz, paciencia,
benignidad, bondad, fe, templanza y
mansedumbre.
Pero tú puedes hablar muy bonito y vivir
de forma horrible.
Tú puedes predicar muy bien y actuar
completamente incoherente en contra de
la palabra. Así que no se trata, no se
trata de tus apariencias, se trata de lo
que hay en tu corazón. Vuelvo a
preguntar.
Sansón vio
Sansón, él dice, "Me agrada." Y Sansón
dijo, "Tómenla porque ella me agrada."
Así que Sansón se estaba guiando por sus
gustos y por lo que a él le parecía
bueno con sus ojos naturales. Tú eres un
cristiano que se deja guiar de esa
forma, porque si actúas de esa forma vas
a caer en destrucción al igual que
Sansón. El discernimiento comenzó a a
deteriorarse mucho antes de que Sansón
perdiera sus ojos físicos, porque él ya
había perdido su corazón.
Es tremendo. La pregunta no es solamente
si es pecado. La pregunta es, ¿esto está
fortaleciendo o debilitando mi
discernimiento espiritual? El
discernimiento es un es un tesoro que
debe protegerse. Hebreos 5:14 dice,
"Pero el alimento sólido es para los que
han alcanzado madurez, para los que por
el uso se han ejercitado en el
discernimiento del bien y del mal. El
discernimiento no se desarrolla
simplemente
asistiendo a congresos o a cultos o
leyendo libros, no.
El discernimiento se desarrolla cuando
yo aprendo a vivir de acuerdo a lo que
enseña la palabra de Dios. ¿Entiendes?
Cuando yo aplico la palabra de Dios,
cuando yo aplico lo que sé, porque
muchos cristianos quieren saber muchos
misterios, muchas cosas, pero si no
aplicas lo que ya sabes, entonces, ¿cómo
vas a madurar? Aquí dice Pablo, "Pero el
discernimiento es para los que por el
uso se han ejercitado en el bien y del
mal." ¿Qué quiere decir eso? ¿Quieres
discernimiento? Si quieres
discernimiento espiritual, comienza a
aplicar lo que ya sabes. Comienza a
practicar la palabra que ya conoces y
entonces crecerás en el discernimiento
espiritual. La luz espiritual debe
alimentarse. Efesios 5:8 dice, "Porque
no tiempo eras tinieblas, más ahora soy
luz en el Señor. Así que no basta con
haber recibido luz. Debemos caminar en
la luz." Y Dios quiere abrir nuestros
ojos espirituales. Dice en la segunda
carta a los Corintios, capítulo 4:18,
dice, "No mirando nosotros las cosas que
se ven, sino las que no se ven." Esto es
tan tremendo, amados hermanos. Esto es
tremendo porque Dios lo que quiere
realmente hacer en tu vida, porque o
sea, todos queremos avivamiento, todos
queremos la bendición, queremos que Dios
nos use, pero Dios está interesado en tu
carácter, Dios está interesado en tu
interior, en tu corazón. Por eso permite
que vivas muchas cosas y mientras no lo
entiendas, tu discernimiento, tu
discernimiento seguirá pagado en tu
vida. En tercer lugar,
la santidad de tus ojos determina la
calidad de tu comunión con Dios. Voy a
volverlo a repetir. La santidad de tus
ojos determina la calidad de tu comunión
con Dios. Primera carta de Juan,
capítulo 2, verso 15 al 17. Y dice así,
"No améis al mundo ni las cosas que
están en el mundo.
Si alguno ama al mundo, el amor del
Padre no está en él. Porque todo lo que
hay en el mundo, los deseos de la carne,
los deseos de los ojos y la vanagloria
de la vida, no proviene del Padre, sino
del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos,
pero el que hace la voluntad de Dios
permanece para siempre.
Y es tremendo lo que el Espíritu Santo
revela en esta carta. No menciona
solamente los deseos de la carne,
también menciona los deseos de los ojos.
¿Por qué?
Porque los ojos tienen la capacidad de
despertar afectos equivocados. Aquello
que contemplamos constantemente comienza
a competir por nuestro amor. La batalla
no es solamente por la conducta. La
batalla es por tu afecto, por tu
atención, por tu admiración, por tu
devoción. Lo que ocupa tus ojos termina
ocupando tus pensamientos y lo que ocupa
tus pensamientos termina ocupando tu
corazón. Lo que ocupa tu corazón termina
gobernando tu vida. Por eso, Satanás
siempre intentará capturar la atención
antes de capturar la obediencia, porque
sabe que aquello que admiras termina
influyendo en aquello que desea ser.
David en el terrado. Segunda carta de
Samuel, capítulo 11, verso 2 al 4.
Y sucedió un día al caer en la tarde que
se levantó David de su lecho y se
paseaba sobre el terrado de la casa real
y vio desde el terrado una mujer que se
estaba bañando, la cual era muy hermosa.
Envió David a preguntar por aquella
mujer y le dijeron, "Aquella es
Betzabé." Y envió David mensajeros y la
tomó. Observe la progresión. Vio,
preguntó, envió y tomó. El pecado no
ocurrió en un instante. Hubo varias
oportunidades para detenerse, pero David
permitió que la mirada permaneciera
donde él debía apartarse.
David no cayó porque dejó de amar a
Dios. David cayó porque dejó gobernar a
sus ojos. Y la caída invisible o la
caída visible fue solamente el resultado
de una batalla invisible que perdió
primero. Y muchas veces pensamos que los
grandes pecados aparecen de repente,
pero normalmente son resultado de
pequeñas concesiones repetidas. Y la
pregunta no es, [música] ¿qué tan fuerte
soy? La pregunta es, ¿qué tan cerca
estoy caminando de aquello que me
debilita? Yo siempre he dicho, amados
hermanos,
que el que esté firme, mire que no
caiga. Que si tú te crees fuerte en
algún área en tu vida, entonces ten más
cuidado de esa área, porque muy
seguramente te vas a descuidar por
creerte fuerte.
Y cuando tú te crees fuerte, cuando tú
ignoras, cuando tú no quieres darte
cuenta que corres peligro, entonces lo
más seguro es que correrás como un
corderito al degolladero.
Las personas más espirituales no son las
que juegan con la tentación, son las que
aprenden a huir de ella. La mejor
batalla contra el pecado no es la que
peleas contra el pecado, es la que
evitas. en la que huyes, en la que
dices, "Yo quiero y amo más a Dios que
cualquier otra cosa." Por eso huyes de
ese lugar.
Debemos huir y no negociar. Primera
carta a los Corintios, capítulo 6, verso
18, dice, "Huid de la fornicación."
La Biblia nunca nos manda a dialogar con
la tentación, nos manda a huir. El
corazón sigue la dirección de tus ojos.
Mateo 6:21. Porque donde está vuestro
tesoro, allí estará vuestro corazón. Y
aquello que contemplas constantemente
termina convirtiéndose en tu ídolo. Y
puede ser que tú digas, "Bueno, pero yo
no yo no estoy mirando nada malo."
Porque quizás alguno de los que está
aquí dice, "Yo me la paso mirando autos
lujo." Ese es mi hobby, ver autos de
lujo en la televisión, cómo lo reparan,
cómo y estás alimentando de tu vida de
acá de autos del Puede ser que está mal
o está bien. ¿Qué dices tú? El problema
es que si estás comenzando a codiciar
aquello y comienzas a vivir para eso,
muchas personas han sido perdidas.
Muchas personas han perdido el propósito
de Dios por cosas que no eran malas,
eran buenas.
Hay personas que no que no van a la
iglesia porque están ocupadas
trabajando.
Hay personas que no van a la iglesia
porque fueron a hacer deporte, a jugar
fútbol o al gimnasio. ¿Eso bueno o es
malo?
Pero si eso está gobernando tu corazón,
entonces estás perdido. Hay personas que
no sirven a Dios porque dicen, "Es que
estoy ahorrando para mi vejez."
Eso es bueno o es malo. El problema es
que esa bendición te apartó del que da
las bendiciones y esa bendición no va a
suplir lo que te da el Dios
todopoderoso.
Y un día puedes despertar abrazando esa
bendición. Quizás un día despertarás en
una mansión o en un gran automóvil o con
un cuerpo que soñaste. Quizás de tanto
buscar lo despertarás, pero cuando
despiertes en eso te darás cuenta que
perdiste lo más importante, el propósito
de Dios con el cual naciste en esta
tierra porque solo hay una vida y
tenemos que vivirla para el Señor.
Dice la primera carta de Pedro, capítulo
1, verso 15 al 16. sino aquel, sino como
aquel que os llamó es santo, seduir.
La santidad no es un evento, la santidad
es una decisión diaria. Y esto tiene que
ver con todo, con todo lo que pensamos,
con lo que hablamos y en esta noche como
lo estamos viendo, con lo que miramos. Y
por último, en cuarto lugar, Dios quiere
restaurar tu visión.
espiritual. Efesios capítulo 1 verso 17
al 18.
para que el Dios de nuestro Señor
Jesucristo, el Padre de gloria o de
espíritu de sabiduría
y de revelación en el conocimiento de
él, alumbrando los ojos, perdón,
alumbrando los ojos de vuestro
entendimiento.
Pablo no está orando por ojos físicos,
está orando por ojos espirituales.
Porque hay personas que ven
perfectamente con los ojos naturales,
pero están ciegas espiritualmente.
Ven oportunidades, pero no ven el
propósito de Dios. Ven problemas, pero
no ven las promesas del Señor. Ven
gigantes, pero no ven a Dios. ven
ofensas, pero ellos mismos no reconocen
su pecado. Y cuando el Espíritu Santo
sana nuestra visión espiritual,
comenzamos a interpretar la vida desde
una perspectiva diferente. Ya no vemos
solamente lo temporal, lo que nos
conviene mirar, lo que queremos mirar.
Oh, no, sino que empezamos a ver lo
eterno. Ya no vemos solamente lo
visible, comenzamos a discernir lo
invisible.
¿Se acuerdan de Eliseo y su siervo? En
la segunda carta de los Reyes, en el
capítulo 6 del verso 15 al 17. Y se
levantó de mañana y salió el que servía
al varón de Dios y aquí el ejército que
tenía sitiada la ciudad. Entonces su
criado le dijo, "Ay, Señor mío, ¿qué
haremos?" Y él dijo, "No tengas miedo,
porque más son los que están con
nosotros que los que están con ellos." Y
oró Eliseo y dijo, "Te ruego, Jehová,
que abra sus ojos para que vea."
Entonces Jehová abrió los ojos del
criado y miró y aquí que el monte estaba
lleno de gente, de caballos y de carros
de fuego alrededor de Eliseo.
La realidad espiritual ya estaba allí.
Los ángeles ya estaban allí, la
protección de Dios ya estaba allí. El
problema no era la ausencia de Dios, era
la ausencia de visión. Y eso mismo
ocurre hoy con muchas personas, con
nosotros. Pensamos que estamos solos,
pensamos que Dios nos abandonó, pensamos
que no hay salida, pero en realidad
necesitamos es que Dios abra nuestros
ojos espirituales.
Y la solución para la contaminación
visual no es solamente dejar de mirar lo
malo, también es comenzar a mirar
correctamente.
La santidad no consiste únicamente en
apartarse de algo, consiste en acercarse
a alguien y ese alguien es Jesucristo.
Y mientras más contemples a Cristo,
menos atractivo te parecerá aquello que
antes te dominaba. Cuando más nos
acercamos a la luz, nos damos cuenta de
cuán sucios estamos.
Así que debemos fijar los ojos en Jesús.
Hebreos 12:2 dice, "Puestos los ojos en
Jesús, el autor y consumador de la fe."
La victoria comienza cuando cambiamos el
objeto de nuestra mirada. La
transformación ocurre cuando comenzamos
a mirar al Señor. Dice en la segunda
carta a los Corintios 3:18, "Mirando a
cara descubierta como con un espejo la
gloria del Señor somos transformados.
Nos parecemos aquello que contemplamos
continuamente." Ahora yo quiero
preguntarte,
¿como cristiano, ¿te gusta fijarte en
los errores de los demás?
Si a ti te gusta siempre estar mirando
los errores de los demás, las faltas de
los demás, lo que me hicieron, lo que me
causaron, lo que me dañaron, te vas a
parecer aquello que contemplas. Pero si
hoy miras a Jesús, si hoy miras al
evangelio, si hoy lees la palabra de
Dios, comenzarás a parecerte a ese Dios
todopoderoso que pisó la tierra, que
caminó sobre ella, que andaba haciendo
bienes, sanando a los enfermos, amando a
sus enemigos, predicando con poder y
echando fuera demonios.
Porque hay cristianos tan débiles hoy.
Porque hay cristianos que no avanzan,
que nunca llegan a su propósito, porque
están contemplando siempre a los demás,
los errores de los demás. Entonces,
están reflejando su propio fracaso en
los demás. Pero yo prefiero mirar a
Jesús. Yo prefiero que su luz me
alumbre. Yo prefiero como como ese
satélite natural que tenemos en la
tierra, como la luna. ¿Sabes que la luna
solo se ve en resplandor cuando el sol
la alumbra? Es decir, la luna no tiene
luz propia, pero cuando el sol alumbra
la luna, cuando ella recibe la luz del
sol, entonces nosotros podemos verla
brillar. Así que cuando nosotros
comenzamos a contemplar a Jesús, a sus
palabras, a lo que él enseñó, a vivir
como él vivió, a caminar como él vivió,
podremos verdaderamente ser luz. Pero
nuestros ojos tienen que estar puestos
en Jesús
y eso es lo que Dios quiere hacer,
quiere restaurar esa visión, porque la
visión restaurada produce libertad. Juan
8:32 dice, "Y conoceréis la verdad y la
verdad os hará libres."
Cuando Dios abre nuestros ojos
espirituales, las cadenas comienzan a
romperse.
Así que hoy no venimos solamente a pedir
perdón por lo que quizás hemos permitido
en nuestros que nuestros ojos contemplen
o vean. Venimos a pedirle al Señor que
nos ayude, a pedirle al Señor que haga
una obra poderosa en nuestra vida.
pedirle al Señor que tome nuestro
corazón,
que saque de nuestro corazón todo
aquello que se arraigó y quiso vivir
allí porque lo dejamos entrar por
nuestros ojos. Y debemos declarar,
Señor, limpia nuestros ojos, purifica
nuestra mirada, devuélvenos el
discernimiento, devuélvenos la
sensibilidad. Yo quiero mirar como tú
miras.
Cuando nosotros miramos a las personas
que nos rodean, quizás solo nos fijamos
en las cosas malas que ellos tienen.
[música] Pero así como un día Jeremías
estaba quejando
en en el capítulo 15 del libro de
Jeremías, Jeremías estaba quejando y él
decía, "Es que a mí me están haciendo
esto. Es que el pueblo es así de
pecador, el pueblo es idólatra, el
pueblo es perverso, el pueblo es pagano
y a mí me quieren herir y me hacen
daño." Pero Dios le dice a Jeremías, "Si
entre sacaran lo precioso del ovil,
serás como mi boca. Que se conviertan
ellos a ti, tú no te convertirás a
ellos." ¿Qué quiere decir eso? Que
cuando Dios te mira a ti, me mira a mí,
él ve lo mejor de nosotros.
Y cuando nosotros miramos a los demás,
miramos lo peor de ellos. Así que si tú
quieres ser como Dios, debes aprender a
mirar lo bueno en las personas.
Todo ser humano que ha pisado este
planeta Tierra quizás nació con algo
bueno para dar. Y nuestro deber como
cristianos y como siervos de Dios es
mirar eso bueno que hay en ellos y por
eso predicarles el evangelio para que
conozcan al Señor y Dios haga cosas
preciosas en ellos.
Porque tú y yo no somos mejores que
nadie, somos vasijas rotas. Cuando la
gente quizás en el mundo nos vio, quizás
no vio nada bueno en nosotros, pero el
Señor sí vio algo bueno en nosotros. Yo
quiero ver como Jesús. Por eso este
mensaje se llama la santidad de tus
ojos. Yo quiero mirar con esa santidad a
los jóvenes que me rodean, a las mujeres
que me rodean, a los ancianos que me
rodean. Yo quiero ver como Jesús. No
quiero ver con pesimismo. No quiero ver
para juzgar. No quiero mirar para hacer
daño. Yo quiero ver como Jesús. Quiero
hablar como Jesús y quiero vivir como
Jesús. Porque mi deseo es ser como él
para hacer lo mismo que él hizo cuando
estaba sobre la tierra. Sanar a los
enfermos, limpiar a los leprosos,
resucitar a los muertos y echar fuera a
los demonios. Vivir en un verdadero
avivamiento. Vamos a orar.
Amado Padre celestial, hoy entregamos en
tus manos este tiempo, Señor, que este
mensaje pueda tocar el corazón de cada
hermano, cada hermana de cada vida que
escucha este mensaje, esta palabra, que
podamos entender que nosotros fuimos
llamados a ver como tú ves, a amar como
tú amas, a vivir como tú viviste en esta
tierra, porque ejemplo nos diste en
todo.
Yo quiero ser como tú. No permitas que
me contamine con lo que el mundo me
rodea o con lo que otros enseñan, pero
que no es conforme a tu palabra. Yo
quiero vivir y amar tu palabra. Ayúdame
a que mis ojos estén contemplando
siempre tu palabra, tu conducta, cómo
viviste, porque tú eres mi ejemplo y yo
quiero vivir en santidad en mis ojos
porque quiero ser lleno de poder y de
gloria y que todos nosotros podamos
hacerlo para gloria y honra de tu
nombre. Te lo pedimos, Padre amado, en
el nombre de Jesús. Amén y amén.
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