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La Casa de Bernarda Alba (1987)

1:38:13SpanishTranscribed Jul 14, 2026
0:05

Soy un cuadro. Yo soy un tesoro.

1:35

La Iglesia de San José de la Paz

2:28

¡Gracias!

4:14

Limpia bien todo. Ya tengo el doble de esas campanas metido entre las sienes. La iglesia es hermosa. Han venido curas de todos los pueblos. En el primer responso se desmayó la magdalena. Es la que se queda más sola. Era la única que quería el padre. ¿Por qué no me das para mi niña, Francia? Toma, llévate también un puñado de garbanzos. Hoy no se dará cuenta. ¡Bernarda! ¡Bernarda! Está bien encerrada con dos vueltas de llave.

6:56

Debes poner también la tranca. Tiene unos dedos como cinco ganzúas. ¡Ya viene! ¿Han venido todos sus parientes? Los de ella. La gente de él la odia. Hay bastantes sillas. Sobre. Que se sienten en el suelo, si no. Limpia, limpia este vidriado. Sangre en las manos tengo de fregarlo todo. Si Bernarda no ve reluciente las cosas, me arrancará los pocos pelos que me quedan. ¡Ay, mujer! Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año.

7:37

sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en la cara. Contigo se portó bien. Treinta años lavando sus sábanas, treinta años comiendo sus sobras, días enteros mirando por la rendija para espiar a los vecinos y llevarle el cuento. Vidas sin secretos, una con otra. Y sin embargo, maldita sea, mal dolor de clavo le pinche los ojos. Mujer, pero yo soy buena perra.

8:04

Ladro cuando me lo dice y muerdo los talones de los que piden limosna cuando ella me azuza. Mis hijos trabajan en sus tierras y ya están los dos casados. Pero un día me hartaré. Me enterraré con ella en un cuarto y la estaré escupiendo un año entero. Bernarda, por esto, por lo otro, por aquello. Hasta ponerla como un lagarto machacado por los niños. Claro es que no le envidio la vida. Le quedan esas cinco hijas. Quitando angustias, que por ser del primer marido tiene dineros, las demás...

8:40

Mucha puntilla bordada, mucha camisa de hilo, pero pan y uvas por toda herencia. Ya quisiera tener yo lo que ella. Voy a oír el último responso. Me gusta como canta el párroco. En el paternoster, cuando dijo amén, fue como si un lobo hubiese entrado en la iglesia. Amén. Te vas a hacer polvo la garganta. ¿La garganta? Otra cosa hacía polvo yo. Amén.

10:04

Fastidiate, Antonio María Benavides. Tieso con tu traje de paño y tus botas enterizas. Ya no volverás a levantarme las enaguas detrás de la puerta de tu corral. Yo fui la que más te quiso, de las que te sirvía de vivir yo después de haberte marchado. Debías haber procurado que todo esto estuviera más limpio. Vete. No es este tu lugar.

12:18

Los pobres son como los animales. Los pobres sienten también sus penas. Pero las olvidan delante de un plato de garbanzos. Comer es necesario para vivir. A tu edad no se habla delante de las personas mayores. Sentarse. Magdalena, no llores. ¿Me has oído? Dale a los hombres. La están tomando. Dile a Bernarda que tengo hambre y sed. Ya se lo he dicho. Subidme el agua de fregar que me dais. Venga conmigo.

13:54

Pepe el Romano estaba con los hombres del duelo. Allí estaba. Estaba su madre. Ella ha visto a su madre. A Pepe no le ha visto ni ella ni yo. Me pareció que... Las mujeres en la iglesia no deben mirar más hombre que el oficiante. Volver la cabeza es buscar el calor de la pana. Alabado sea Dios. Descansa en paz con la santa compañía de cabecera.

14:47

Descansa en paz. Con el ángel San Miguel y su espada justiciera. Descansa en paz. Con la llave que todo lo abre y la mano que todo lo cierra. Descansa en paz. Con los bienaventurados y las luces del campo. Descansa en paz. Con nuestra santa caridad y las almas de tierra y de mar. Descansa en paz. Concede el reposo a tu siervo Antonio María Benavides y dale la corona de tu santa gloria. Amén. Amén.

15:21

Ojalá tardéis muchos años en pasar el arco de mi puerta. No tendrás quejas ninguna. - Ha venido todo el pueblo. - Sí. A llenar mi casa con el veneno de sus lenguas. Madre, no hable usted así. Es así como hay que hablar de este maldito pueblo sin río.

16:18

Pueblo de pozos donde siempre se bebe el agua con el miedo de que esté envenenada. ¿Cómo han puesto la solería? Igual que si hubiese pasado una manada de cabras. Niña, dame un abanico. Dame uno negro. Y aprende a respetar el luto de tu padre. Tome usted el mío. Yo no tengo calor. En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haceros cuenta que hemos tapeado con ladrillo puertas y ventanas. Mientras podéis empezar a haceros el ajuar.

17:48

Yo sé que no me voy a casar. Prefiero llevar sacos al molino. Todo menos estar sentada días y días dentro de esta sala oscura. Eso tiene ser mujer. Malditas sean las mujeres. Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre. Hilo y aguja para las hembras. Lático y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles. ¡Parda! ¡Parda!

18:47

Durante el duelo me ha costado mucho trabajo sujetarla. Tuve que taparle la boca varias veces porque quería llamarte. Bájala y que esté donde las vecinas no puedan verla desde su ventana. ¿Y Angustias? Está ahí, asomada al portón. ¿Y tú a qué fuiste al portón? Me llegué a ver si habían puesto las gallinas. Pero el duelo de los hombres ha salido hace rato. Todavía hay un grupo parado por fuera. ¡Angustias! ¿Qué mirabas? ¿Y a quién? A nadie. ¿Es decente que una mujer de tu clase vaya con el anzuelo detrás de un hombre? ¿Eh?

20:12

Contesta, ¿a quién mirabas? - ¿Yo? - Tú. A nadie. ¡Bernarda! ¡Bernarda! ¡Bernarda! ¡Cálmate! ¡Fuera! ¡Fuera de aquí! Angustias lo ha hecho sin dar alcance a lo que hacía. Está francamente mal. Ya me chocó a mí verla escabullirse hacia el patio.

22:40

Luego estuvo detrás de una ventana, oyendo la conversación que traían los hombres. Que como siempre no se puede oír. ¿De qué hablaban? ¿Quiénes? Los hombres. Hablaban de Paca la Roseta. Anoche ataron a su marido a un pesebre. Y a ella se la llevaron a la grupa del caballo hasta lo alto del olivar. ¿Y ella? Ella tan conforme. Dicen que iba con los pechos fuera. Y Maximiliano la llevaba cogida como si tocara la guitarra. Un horror. ¿Y qué pasó? Lo que tenía que pasar. Volvieron casi de día.

23:13

Pa' que la Roseta traía el pelo suelto y una corona de flores en la cabeza. Contaban muchas más cosas. ¿Cuáles? Me da vergüenza referirlas. Y mi hija la soy yo. Esa sale a sus tías. Blancas y untosas, que ponían ojos de carnero al piropo de cualquier barberillo. Es que tus hijas están ya en edad de merecer. Demasiada poca guerra te dan. Angustias ya debe tener... Y nueve justos. Figúrate. ¿Y no ha tenido nunca novio? No, no ha tenido novio ninguna, ni les hace faltar.

23:46

No hay en cien leguas a la redonda quien pueda acercarse a ellas. ¿Es que quieres que las entregue a cualquier gañán? Debías haberte ido a otro pueblo. A venderlas. No, Bernarda. A cambiar. ¿Tenemos o no tenemos confianza? No tenemos. Me sirves y te pago. Nada más. Baja al arca toda esa ropa. ¿Algunas cosas le podríamos dar? Nada. Ni un botón. Ni el pañuelo con que le hemos tapado la cara. ¿Qué vas a hacer con ese vestido?

25:58

Tenía tanta ilusión cuando me lo hiciste. Pensaba ponérmelo el día de mi cumpleaños. Ahora se va a pudrir en el armario. Magdalena, no puedo. ¡Fena, cara de hiena! ¡Fena, cara de hiena! ¡Ca! Malditas particiones. ¿Cuánto dinero le queda a Buster? Mucho. ¿Y las otras? Bastante menos. Mucho menos. No sabes de sobra, pero te gusta oírmelo decir una y otra vez.

27:32

¿Has tomado la medicina? Para lo que me va a servir. ¿Te fijaste? Adelaida no ha vuelto a aparecer por aquí. Su novio no la deja salir ni al tranco de la calle. Antes era alegre. Ahora, ni polvo se echa en la cara. Ya no sabe una si es mejor tener novio o no. Es lo mismo. Es preferible no ver a un hombre nunca. Desde niña les tuve miedo. Los veía en el corral uncir los bueyes, levantar los costales de trigo entre voces y zapatazos. Siempre tuve miedo de crecer por temor de encontrarme de pronto abrazada por ellos.

28:41

Dios me ha hecho débil y fea y los ha apartado definitivamente de mí. Eso no digas. Enrique Humanes estuvo detrás de ti y le gustabas. Invenciones de la gente. Una vez estuve en camisa detrás de la ventana hasta que se hizo de día porque me avisó que iba a venir. Y no vino. Fue todo cosa de lenguas. Luego se casó con otra que tenía más que yo. Y fea como un demonio. ¿Qué les importa a ellos la fe alta? A ellos les importa la tierra, las yuntas y una perra sumisa que les dé de comer. ¿Qué hacéis? Aquí. Llevar desabrochados los cordones de un zapato. ¿Qué más da?

29:20

Te los vas a pesar y te vas a caer. Una menos. Trae. ¿Sabéis ya la cosa? No. Vamos. ¿Qué? Lo de Pepe el Romano. Pepe el Romano viene a casarse con Angustias. Yo me alegro. Yo también. Ninguna de las dos os alegráis. Magdalena, mujer. Si viniera por Angustias como mujer, yo me alegraría. Pero viene por el dinero. Aunque Angustias es nuestra hermana, aquí estamos en familia. Y reconocemos que está vieja. Y que siempre ha sido la que ha tenido menos mérito de todas nosotras.

30:21

La suerte viene a quien menos lo aguarda. Angustias tiene el dinero de su padre. Es la única rica de la casa y por eso vienen por ella. Lo natural es que Pepe el Romano te pretendiera a ti, Amelia. O a nuestra Adela. Pero no que venga a buscar lo más oscuro de esta casa. Puede que a él le guste. Nunca he podido aguantar tu hipocresía. Si te ve nuestra madre te arrastra del pelo. Tenía mucha ilusión. Es un vestido precioso. Y me está muy bien. Lo que puedes hacer es teñirlo de negro.

31:10

O regalárselo a Angustias para su boda con Pepe el Romano. ¿No lo has oído decir? Pero si no puede ser. El dinero lo puede todo. ¿Qué piensas? Pienso que este luto me ha cogido en la peor época de mi vida. Ya te acostumbrarás. ¡No, no me acostumbraré! Yo no quiero estar encerrada. No quiero perder mi blancura en estas habitaciones. Mañana me volveré a poner este vestido y me echaré a la calle a pasear. ¡Yo quiero salir! ¡Adela, calla!

32:10

- ¡El romano viene por lo alto de la calle! - Vamos a verlo. - ¿Tú no vas? - No me importa. Como dará vuelta a la esquina desde la ventana de tu cuarto se verá mejor. - Pero has tenido valor de echarte polvos en la cara. - No era mi padre. El mío murió hace tiempo. ¿Es que no lo recuerda usted? Más debes a este hombre padre de tus hermanas que al tuyo.

33:33

Madre, déjenos de salir. Después que te hayas quitado esos polvos de la cara. Suabona, ya he hecho. Espejo de tus tías. Si te preocupas por las particiones, tú que eres la más rica, te puedes quedar con todo. Guárdate la lengua en la madriguera. No os hagáis ilusiones de que vais a poder conmigo. Hasta que salga de esta casa con los pies por delante, mandaré lo mío y lo vuestro. ¡Bernarda! ¡Bernarda! ¡Bernarda!

35:21

Con estas piezas de hilo podéis ir cortando sábanas y embozos. ¿Para qué a jugar? ¿El de cuál de nosotras? El de todas. Ninguna de vosotras se va a casar. Nada de lo que tengo quiero que sea para vosotras. - Ninguna se va a casar. - Ninguna. ¿Por qué la habéis dejado salir? - Se ha debido escapar. - Me escapé.

36:26

Porque me quiero casar. Bernarda, dame mi gargantilla de perlas. Cállese usted, madre. No, no callo. No quiero ver a estas mujeres solteras, rabiando por la boda, haciéndose polvo el corazón. Bernarda, yo quiero un hombre para casarme y tener alegría. ¡Cerradla! ¡Ayudadla vosotras! Quiero irme de aquí, Bernarda, a casarme a la orilla del mar. ¡A la orilla del mar!

37:10

Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.

37:40

¿Qué pasa?

42:30

Y adelante. - ¿No quiere levantarse? - Esa tiene algo. No tiene ni más ni menos que lo que tenemos todas. Menos angustia. Yo me encuentro bien. Y al que le duela, que reviente. Desde luego hay que reconocer que lo mejor que has tenido siempre es el talle y la delicadeza. Afortunadamente, pronto voy a salir de este infierno. - A lo mejor no sales. - Dejaré esa conversación. ¿Te ocurre algo?

44:03

Tengo mal cuerpo. Es que tampoco has dormido bien esta noche. Ay, déjame ya. Durmiendo, velando, no tienes por qué meterte en lo mío. Yo hago con mi cuerpo lo que me parece. ¿Solo es interés por ti? Interés o inquisición. Que si va a ser invisible. Pasar por las habitaciones sin que me preguntes qué me pasa o a dónde voy. ¿Qué pasa?

44:34

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén. Dirigid, Señor, todos nuestros pensamientos, palabras y obras a maya honra y gloria vuestra. Y vos, Virgen Santísima, dadnos gracia para ofrecer devotamente vuestro Santísimo Rosario, el cual os ofrecemos por la exaltación de la Santa Fe Católica.

46:21

¡No me mires más! Si quieres te daré mis ojos, que son frescos, y mis espaldas para que te compongas la joroba que tienes. Pero vuelve la cabeza cuando yo pase. Adela, que es tu hermana. Y además la que más te quiere. ¡Me sigue a todos lados! A veces se asoma a mi cuarto para ver si duermo. No me deja respirar.

48:38

Siempre... Qué lástima de cara. Qué lástima de cuerpo, que no va a ser para nadie. Y eso no. Mi cuerpo será de quien yo quiera. De Pepe el Romano, ¿no es eso? ¿Qué dices? Lo que digo. ¿Crees que no me he fijado? Mata la voz. Mata esos pensamientos. ¿Qué sabes tú? Las viejas vemos a través de las paredes. Ciega debías estar. Con la cabeza y las manos llenas de ojos cuando se trata de lo que se trata. ¿Por qué te pones en la ventana con la luz encendida cuando Pepe viene a hablar con tu hermana? Eso no es verdad. No seas como los niños chicos.

49:22

Deja en paz a tu hermana. Y si Pepe el Romano te gusta, te aguantas. Abre la puerta, a ver si nos entra un poco de fresco. Esta noche no me podía quedar dormida del calor. Yo me levanté a refrescarme. Había un nublo negro de tormenta y hasta cayeron algunas gotas. Salías fuego de la tierra. También me levanté yo. Todavía estaban gustias con Pepe en la ventana. ¿A qué hora se fue? Se iría a eso de la una y media. Lo sentí toser y oí los pasos de su jaca. Pero si yo lo sentí marchar a eso de las cuatro. No sería él. Oye, angustias. ¿Qué fue lo que te dijo la primera vez que se acercó a tu ventana?

51:12

Nada. ¿Qué me iba a decir? Cosas de conversación. Ya sabes que ando detrás de ti. Necesito una mujer buena, modosa. Y esa eres tú si me das la conformidad. Algo así. A mí me da vergüenza de estas cosas. ¿Y tú? Yo no hubiera podido hablar. Casi se me salía el corazón por la boca. Era la primera vez que estaba sola de noche con un hombre. Esas cosas pasan entre personas ya un poco instruidas, que hablan y dicen y mueven la mano...

52:04

La primera vez que mi marido, Evaristo, el colorín, vino a mi ventana... ¿Qué pasó? Era muy oscuro. Lo vi acercarse. Al llegar me dijo, buenas noches. Buenas noches, dije yo. Y nos quedamos callados no sé cuánto tiempo. Me corría el sudor por todo el cuerpo. Entonces, Evaristo se acercó como si quisiera meterse por los hierros. Me dijo en voz muy baja, ven que te tiende. Luego se voltó bien.

52:35

En vez de darle por otra cosa, le dio por criar colorines hasta que se volvió. A vosotras, que sois solteras, os conviene saber de todos modos que los hombres a los 15 días de la boda dejan la cama por la mesa y luego la mesa por la taberna. Y la que no se conforme se pudre llorando en un rincón. Es verdad que le pegaste alguna vez. Yo tengo la escuela de tu madre. Un día me dijo no sé qué cosa y le maté todos los colorines con la mano de la madre. ¡Ja, ja, ja!

53:09

Son los segadores que vuelven al trabajo. Con este sol, ¿quién pudiera salir a los campos? Llegaron ayer de mañana, 40 o 50 buenos mozos. ¿De dónde son este año? Vinieron de los montes, alegres, como árboles quemados, dando voces y arrojando piedras.

57:05

Anoche llegó al pueblo una mujer vestida de lentijuelas y que bailaba con un acordeón. Y quince de ellos la contrataron para llevársela al olivar. ¿Es eso cierto? Hace años vino otra de estas. Yo misma le di dinero a mi hijo mayor para que fuera. Los hombres necesitan estas cosas. ¿Se les perdona todo? Hacer mujer es el mayor castigo. Tener cuidado con no abrirla mucho, porque son capaces de dar un empujón para ver quién mira. Abrir puertas y ventanas que divisen al pueblo...

58:15

El Segador Pideu. ¿Qué te pasa? Me sienta mal el calor. No es más que eso. Estoy deseando que llegue noviembre. Los días de lluvia, la escarcha... Todo lo que no sea este verano interminable. Ya pasará. Y volverá otra vez. ¿A qué hora te dormiste anoche? ¿Por qué?

59:55

Me pareció ir gente en el corral. Muy tarde. Quizá el caballo, que estaba inquieto. Eso sería. - ¿Amélia? - ¿Qué? Nada. ¿Por qué me llamaste? Se me escapó. Fue sin darme cuenta. ¿Dónde está el retrato de Pepe que tenía yo debajo de mi almohada? ¿Quién de vosotras lo tiene? Ninguna. ¿Dónde está el retrato?

1:01:05

- ¿Qué retrato? - Una de vosotras me lo ha escondido. - ¿Tienes la desvergüenza de decir esto? - Estaba en mi cuarto y no está. - Me gustaría saber quién lo tiene. - Alguna. - Yo no. - Desde luego. - ¿Qué escándalo es este? ¿Estarán las vecinas con el oído pegado a los tabiques? - Me han quitado el retrato de mi novio. - No grites. - ¿Quién? ¿Quién? - Estás. - ¿Cuál de vosotras? - Contestadme. Registrad los cuartos. Mirad por las camas. Esto tiene mataros más cortas. Pero me vais a soñar. Venid aquí.

1:01:54

Me estáis haciendo al final de mi vida beber el veneno más amargo que una madre puede resistir. ¿Lo has encontrado? ¿Dónde? Dilo sin temor. Entre las sábanas de la cama de martillo. ¿Es verdad? Es verdad. ¡No me pegue usted, madre! ¡Todo lo que quiera! ¡Por favor! Ni lágrimas te quedan en esos ojos. No voy a llorar para darle gusto. ¿Por qué has cogido el retrato?

1:02:32

Es que yo no puedo gastar una broma a mi hermana. ¡No ha sido broma! Que tú no has gustado jamás de juegos. Ha sido otra cosa. Calla y no me hagas hablar. Que si hablo se van a juntar las paredes unas con otras de vergüenza. La mala lengua no tiene fin para inventar. ¡Adela! ¡Estáis locas! ¡Malos pensamientos! Otras hacen cosas peores. Hasta que se pongan en cueros de una vez y se las lleve el río. ¡A callar! Yo no tengo la culpa de que Pepe el Romano se haya fijado en mí. ¡Por tus dineros! ¡Por tus tierras! ¡Por tus marxistas! ¡Silencio! ¡Digo! ¡Fuera de aquí! ¡Fuera de aquí!

1:03:13

Yo veía venir la tormenta, pero no creía que estallara tan pronto. ¿Qué pasa?

1:04:44

Lo que estás haciendo va contra la ley de Dios. Métete en tus cosas, oledora pérfida.

1:05:29

En vez de limpiar la casa y acostarte para rezar a tus muertos, buscas como una vieja marrana asuntos de hombres y mujeres para babosear en ellos. Quiero vivir en casa decente. Velo para que las gentes no escupan al pasar por esta puerta. No quiero mancharme de vieja. Ya es tarde. No por encima de ti, que eres una cría. Por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca. ¿Qué puedes decir de mí, eh? ¿Que me cierro en mi cuarto y no abro la puerta? ¿Que no duermo? Soy más lista que tú.

1:06:07

Mira a ver si puedes agarrar la liebre con tus manos. No me desafíes, porque yo puedo dar voces, encender luces y hacer que toquen las campanas. Trae cuatro mil bengalas amarillas y ponlas en las bardas del corral. Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder. Angustias tiene que casarse enseguida. Claro, hay que retirarla de aquí. No a ella, a él. ¿Y tú crees que él querrá marcharse? Me tienes que prevenir algo.

1:07:06

Aquí pasa una cosa muy grande, Bernalda. Yo no te quiero echar la culpa, pero tú no has dejado a tus hijas libres. Martirio se enamoradiza, digas tú lo que quieras. ¿Por qué no la dejaste casar con Enrique Humanes? ¿Por qué el mismo día que iba a venir a la ventana le mandaste el recado que no viniera? Y lo haría mil veces. Mi sangre no se junta con la de los Humanes mientras yo viva. Su padre fue gañán. Así te batí con esos humos. Los tengo porque puedo tenerlos. Tú no los tienes porque sabes bien cuál es tu origen. No me lo recuerdes. Estoy ya vieja.

1:07:41

Siempre agradecí tu protección. No lo parece. No creo que esta sea la cosa muy grande que aquí pasa. Aquí no pasa nada. Eso quisieras tú. Y si pasara algún día, estate segura que no traspasaría las paredes. No lo sé. ¿Cómo gozarías de vernos a mí y a mis hijas camino del lupanar? Nadie puede conocer su fin. Yo sí sé en ti. Y el de mis hijas. El lupanar se queda para alguna mujer ya difunta. Bernarda, respeta la memoria de mi madre. No me persigas tú con tus malos pensamientos.

1:08:12

Mejor será que no me meta en nada. Es lo que debías hacer. Obrar y callar a todos la obligación de los que viven a sueldo. Pero no se puede. ¿A ti no te parece que Pepe estaría mejor casado con Martirio o con Adela? No me parece. Adela, esa es la verdadera novia. Las cosas no son nunca a gusto nuestro. Ayer me contó mi hijo mayor que a las cuatro y media de la madrugada que pasaba por la calle con la yunta, Angustias y su novio estaban hablando todavía. ¡Mentira!

1:09:06

Pepe lleva más de una semana marchándose a la una. También yo lo sentí marcharse a las cuatro. No habláis ahora por la ventana del callejón. Yo hablo por la ventana de la sala. ¿Qué es lo que pasa aquí? Cuida de enterarte. Madre, no oiga usted a quien nos quiere perder a todas. Si las gentes del pueblo quieren levantar falsos testimonios, se encontrarán con mi pedernal. No se hable de este asunto. Hay a veces una ola de fango que levantan los demás para perdernos. A mí no me gusta mentir. ¿Y algo habrá? Yo tengo derecho a enterarme. Tú no tienes derecho más que a obedecer.

1:09:48

Nadie me traiga ni me lleve. Y tú te metes en los asuntos de tu casa. Aquí no se vuelve a dar un paso que yo no sienta. En lo alto de la calle hay un gran gentío y todos los vecinos están en sus puertas. Yo romperé tus abrazos. Martirio, déjame. Él me quiere para su casa. He visto cómo te abrazaba. Yo no quería. He sido como arrastrada por una maroma. ¡A la calle!

1:11:18

- ¿Qué ocurre? - La hija deliberada, la soltera, que tuvo un hijo, no se sabe con quién. - ¿Un hijo? - Y para ocultar su vergüenza, lo mató y lo metió debajo de unas piedras. Pero unos perros lo encontraron. Y como llevados por la mano de Dios, lo han puesto en el tranco de su puerta. La traen arrastrando por la calle abajo. ¡La quieren matar! - Sí, que vengan todos para matarla. - No, para matarla no. - ¡Déjate escapar! ¡Que pague lo que debe! - Acabar con ella antes de que vengan los guardias. Carbón ardiendo en el sitio de su pecado.

1:11:51

matarla matarla

1:15:37

Ya me voy. Os he hecho una visita larga. Espérate, mujer. No nos vemos nunca. ¿Qué es eso? Es el caballo garañón que está encerrado y da coches contra el muro. Sacadlo al corral y trabadlo. Debe tener calor. ¿Vais a echarle las potras nuevas?

1:16:46

Al amanecer. Has sabido acrecentar tu ganado. A fuerza de dinero y sin sabores. Me ha retemblao dentro del pecho. Diles que metan a las potras en el último rincón de la cuadra y que le dejen solo en el corral. No sea que nos eche abajo las paredes. ¿Y Angustias cuando se casa? Vienen a pedirla dentro de tres días. ¿Dónde vas? A beber agua. Puedes sentarte. Estarás contenta. Trae un jarro de agua fresca. ¿Te ha regalado ya el anillo? Es precioso.

1:17:46

En mis tiempos las perlas significaban lágrimas. Pero ya las cosas han cambiado. Yo creo que no. Las cosas significan siempre lo mismo. Los anillos de pedida deben ser de diamantes. Con perlas o sin ellas, las cosas son como uno se las propone. O como Dios dispone. Los muebles son preciosos. Dieciséis mil reales he gastado. Lo preciso es que todo sea para bien. No hay motivo para que no lo sea.

1:18:53

Ya vendré de día y con más tiempo a que me enseñes la ropa. Cuando usted quiera. Buenas noches, nos de Dios. Buenas noches. ¿Dónde vas? Voy a llegarme hasta el portón a tomar un poco el fresco. Yo voy contigo. Y yo. No me voy a perder. ¿Angustias? ¿Qué pasa?

1:19:55

Quiero que te hables con tu hermana Martirio. Usted sabe que ella no me quiere. Yo no me meto en los corazones, pero quiero buena fachada y armonía familiar. ¿Lo entiendes? ¿Qué cuenta Pepe? Yo le encuentro distraído, como pensando en otra cosa. Si le pregunto qué le pasa, me contesta. Los hombres tenemos nuestras preocupaciones. No le debes preguntar. Y cuando te cases menos, habla si él habla. Y míralo cuando te mire. Así no tendrás disgustos. Yo creo, madre, que él me oculta muchas cosas.

1:20:47

No procuras descubrirlas, no preguntes. Y desde luego que no te vea llorar jamás. Debía estar contenta y no lo estoy. Eso es lo mismo. Muchas veces miro a Pepe con mucha fijeza y se me borra a través de los hierros, como si lo tapara una nube de polvo de las que levantan los rebaños. Eso es cosa de debilidad. ¿Va a venir esta noche? No, fue con su madre a la capital. Vamos, a la cama.

1:21:44

Tiene el cielo esta noche unas estrellas como puños. No las mires así, te vas a tronchar el cuello. ¿Es que no te gustan? A mí las cosas de Texas para arriba no me importan nada. Con lo que pasa dentro de las habitaciones tengo bastante. Así te va a ti. A ella le va en lo suyo como a ti en lo tuyo.

1:22:38

No logro ver por parte alguna la cosa tan grande que aquí pasa, según tú. Bernarda, no entremos en esa conversación. En esta casa no hay un sí ni un no. Ni vigilancia lo puede todo. No pasa nada por fuera, eso es verdad. Tus hijas viven y están como metidas en alacenas. Pero ni tú ni nadie puede vigilar el interior de los pechos. Mis hijas tienen la respiración tranquila. Eso te importa a ti que de su madre. A mí conservir tu casa tengo bastante. Sigue tu hijo viendo a Pepe a las cuatro de la mañana.

1:23:14

¿Siguen diciendo todavía la mala letanía de esta casa? No dicen nada. Porque no pueden. Porque no tienen carne donde morder. A lo mejor de pronto cae un rayo. A lo mejor de pronto un golpe de sangre te para el corazón. Aquí no pasará nada. Pues mejor para ti. Quise comer a su madre y la acosté. ¿Me da usted algo, Bernarda? Nada. Yo voy a descansar. Bernarda cree que nadie puede con ella. No sabe la fuerza que tiene un hombre entre mujeres solas. No es toda la culpa de Pepe el Romano.

1:24:04

Hay quien cree que habló muchas noches con Adela. Y otras cosas. No sé lo que va a pasar aquí. A mí me gustaría cruzar el mar y dejar esta casa de guerra. Bernarda está aligerando la boda. Las cosas se han puesto demasiado maduras. Adela está decidida lo que sea. Y las demás vigilan sin descanso. Es que son malas. Son mujeres sin hombre, nada más. Los perros están como locos. No nos van a dejar dormir.

1:24:59

¿Vas a abrirme la puerta? ¿Quién eres tú? Vaya a acostarse. Tú eres Martirio. Ya te veo. Martirio, cara de Martirio. ¿Cuándo vas a tener un niño? Yo he tenido este. Vamos, vaya. No ves al niño porque está muy oscuro.

1:25:47

Como tengo el pelo blanco. ¿Crees que no puedo tener crías? Y sí. ¡Crías! ¡Y crías! ¡Y crías! ¡No de voces! Yo me tengo que marchar. Pero tengo miedo de que los perros me muerdan. Me acompañarás tú a salir del campo. Yo no quiero campo. Yo quiero casas. Pero casas abiertas. Y las vecinas acostadas en sus camas con sus niños. Y los hombres fuera, sentados en sus sillas. Pepe el Romano es un... ¿Todas lo queréis?

1:26:23

Pero él los va a devorar, porque vosotras sois granos de trigo. No, no, granos de trigo no. Ranas sin lengua. Vamos, váyase a la cama. Luego tú me abrirás, ¿verdad? Seguro. Adela, Adela. ¿Por qué me buscas? Deja a ese hombre.

1:27:18

¿Quién eres tú para decírmelo? Ese hombre vino por otra. Tú te has atravesado. Sabes por qué lo has visto, que me quiere a mí. Me quiere a mí. Me quiere a mí. Me quiere a mí. - ¡No me odies más! - ¿No te importa que abrace a la que no quiere? A mí tampoco. Ya puede estar cien años con angustias, pero que me abrace a mí se te hace terrible. Porque tú lo quieres también. Lo quieres. Déjame que el pecho se me rompa como una granada de amargura. Martirio, yo no tengo la culpa. No me abraces. No quieras ablandar mis ojos.

1:28:36

Mi sangre ya no es la tuya. Aquí no hay ningún remedio. La que tenga que ahogarse, que se ahogue. ¡Pete el romano es mío! Ya no aguanto el horror de estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él quiera que sea. Todo el pueblo contra mí. Quemándome con sus dedos de lumbre. Perseguida por las que dicen que son decentes. Y me pondré delante de todos la corona de espinas que tienen las que son queridas de algún hombre casado. Sí, sí, vamos a dormir.

1:29:18

Vamos a dejar que se case con angustias. Ya no me importa. Yo me iré a una casa sola donde él me verá cuando quiera. Cuando le vengan ganas. Tengo el corazón lleno de una fuerza tan mala que sin quererlo yo a mí misma me ahoga. Nos enseñan a querer a las hermanas. Dios me ha dejado sola en medio de la oscuridad. Te veo como si no te hubiera visto nunca. Quítate de la puerta. Aparta. ¡Didi! ¡Déjame! ¡Madre! ¡Madre!

1:30:34

¡Quítate! ¡Mira! ¡Qué pobreza la mía no tener un rayo entre los dedos! ¡Estaba con él! ¡Aquí se acabaron las voces de presidio! ¡No disculpas más! El mío manda nadie más que Pepe. ¡Yo soy su mujer! Entra y pregúntale. Él dominará toda esta casa. No saldrás de aquí con tu cuerpo en triunfo. No a ti que eres débil. A un caballo soy capaz de poner de rodillas con la fuerza de mi dedo meñique. Déjala. Que se vaya donde no la veamos nunca más. ¡No!

1:31:20

Atrévete a buscarlo. Se acabó, Pepe Román. Pepe, es mío, Pepe. ¿Pero le habéis matado? No, salió corriendo con su jaca. ¿Por qué lo has dicho entonces? Por ella. ¿Por qué?

1:32:42

¡Alela! ¡Alela! ¡Alela!

1:33:45

No puede haberse marchado. Se han levantado los vecinos. ¿Por qué se esconde? He sido en el cuarto donde se guardan los muebles nuevos de Angustias. No quiero abrir. Abre, abre, porque echaré la puerta abajo. ¡Adela! No entres. ¿Qué pasa?

1:35:05

Pepe, tú irás corriendo vivo por lo oscuro de las alamedas. Llevarla a su cuarto y vestirla como si fuera doncella. Nadie dirá nada. Ella ha muerto, virgen. Dichosa era mil veces que lo pudo tener. ¡Silencio! ¡A callar, he dicho! Las lágrimas cuando estés sola.

1:35:57

Nos hundiremos en un mar de luto. Que al amanecer den dos clamores las campanas. ¿Me habéis oído? ¡Silencio! ¡Silencio! No más alivio. Ya no puedo respirar. La concederá la tierra. En mi dolor. Comiendo mi dolor. Se está condenando.

1:37:09

Soy un cuadro, si se

1:38:11

Gracias.

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